{"id":644,"date":"2022-11-21T09:50:22","date_gmt":"2022-11-21T09:50:22","guid":{"rendered":"https:\/\/redpandalab.org\/?p=644"},"modified":"2023-06-21T22:27:28","modified_gmt":"2023-06-21T22:27:28","slug":"relatos-desde-las-diasporas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redpandalab.org\/en\/relatos-desde-las-diasporas\/","title":{"rendered":"Relatos desde las di\u00e1sporas"},"content":{"rendered":"<body>\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cSomos una especie en viaje\u201d (Drexler, 2017, 47s).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estamos en un movimiento constante donde emergen y se configuran nuevos territorios. Desde los inicios, nuestra especie migra en distintas direcciones y latitudes. Pensar y hablar sobre aquellos relatos desde las di\u00e1sporas es un ejercicio de la memoria. Y es ah\u00ed en el territorio vivido, donde todo acontece y se forjan los cambios.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-uagb-advanced-heading uagb-block-371f5f4f\"><h2 class=\"uagb-heading-text\"><em><strong>La Guaira, Venezuela \u2013 1966<\/strong><\/em><\/h2><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al fondo se vislumbraban centeneras de lucecitas de todos los colores. El barco se detuvo. No ten\u00eda permiso para atracar hasta la ma\u00f1ana siguiente. Tendr\u00edan que pasar una noche m\u00e1s embarcados. El mar estaba calmo y hac\u00eda un calor h\u00famedo que traspasaba los cuerpos. Amparo ten\u00eda la voz rasgada, como una afon\u00eda que hac\u00eda d\u00edas no se desaparec\u00eda y por primera vez despu\u00e9s de m\u00e1s de 20 d\u00edas en altamar sinti\u00f3 un leve apetito.\u00a0 Esa gente desconocida de La Guaira estaba de fiesta.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aquella primera imagen la llamo, \u201cla algarab\u00eda\u201d.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al d\u00eda siguiente, a la hora anunciada Elena los esperaba en el puerto. Ten\u00eda un nudo en el est\u00f3mago y nervios, muchos nervios. Se fundieron en un abrazo y entre sollozos le cont\u00f3 que estaba en estado, a la espera de su tercer hijo. Tambi\u00e9n le cont\u00f3 que en el taller de costura donde trabajaba sin pausa, hab\u00eda escuchado que en la casa de unos se\u00f1ores estaban buscando una interna.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Acababan de arribar a Venezuela. El clima del tr\u00f3pico seco los acog\u00eda empapados en sudor.\u00a0 Con las valijas en mano se pararon y observaron el puerto, voltearon a ver atr\u00e1s y el azul turquesa Caribe de la orilla se mezclaba en la l\u00ednea del horizonte con el azul oscuro del mar profundo de ese oc\u00e9ano interminable. Muchos d\u00edas atr\u00e1s quedaba Galicia, en una especie de olvido, en un sol de invierno.\u00a0 All\u00ed quedaban sus afectos, una red ya fracturada que tardar\u00eda en recomponerse y unos hijxs hu\u00e9rfanxs. Las l\u00e1grimas comenzaron a brotar por su rostro mientras pensaba en su aldea. El oc\u00e9ano se interpon\u00eda. Amparo regres\u00f3 su vista al frente.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mientras avanzaban para agarrar la guagua que los llevase a Caracas, identific\u00f3 las lucecitas de la noche anterior. Champas de colores y barracones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta es una de las primeras im\u00e1genes de la emigraci\u00f3n que qued\u00f3 grabada en la retina de mi abuela a su llegada a Venezuela. Era inicios de 1966. Once a\u00f1os m\u00e1s tarde, regres\u00f3 a su aldea en Galicia y junto a mi abuelo, montaron un establo de vacas para la venta de leche. Su lengua natal es el gallego, aunque luego aprendi\u00f3 castellano muy bien durante la emigraci\u00f3n. Actualmente todav\u00eda hay palabras que dice en caraque\u00f1o, como \u201cpasar el coloto\u201d en lugar de \u201clampasear\u201d y aunque su d\u00eda a d\u00eda es en gallego, siente una verg\u00fcenza profunda, bajo el argumento de que es una lengua inservible. Hasta el punto que cada vez que sube al pueblo para hacer alg\u00fan mandado o ir al m\u00e9dico, se dirige en castellano tratando de disimular lo que su rostro, sus manos y sus piernas delatan y no pueden ocultar: el trabajo rudo, la tierra, los suelos que ha tenido que fregar y las humillaciones.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En 2010, en avi\u00f3n, atraves\u00f3 por \u00faltima vez el oc\u00e9ano Atl\u00e1ntico en un viaje de \u201cdespedida\u201d. Esa vez regresaba a Venezuela para despedir a su hermana Elena, quien ya nunca regres\u00f3 de la emigraci\u00f3n y quien, tras los efectos de un ictus, la vejez y la demencia se encargaron de borrarle la memoria inmediata. Sin embargo, semanalmente, cuando sonaba el tel\u00e9fono y escuchaba esa voz rasgada del otro lado del hilo, hab\u00eda un brillo en sus ojos, un momento de calma y repentinamente recuperaba la memoria \u201c<em>Amparito, \u00bfes ti<\/em>?\u201d dec\u00eda en gallego.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-uagb-advanced-heading uagb-block-8b7ece2b\"><h2 class=\"uagb-heading-text\"><strong><em>Centro de Acogida para Menores Extranjeros no Acompa\u00f1ados, Bolzano, Italia \u2013 2009<\/em><\/strong><\/h2><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En 2009 me ocupaba como educadora social en un Centro de Acogida para Menores Extranjeros no Acompa\u00f1ados conocido popularmente como la <em>Casa Rossa<\/em> debido al color de su fachada, en un pueblo a los pies de los Alpes italianos en la frontera sur con Austria.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Son pasadas las 8 de la tarde de un d\u00eda entre semana. En la Casa Rossa los \u201cusuarios\u201d (como se les refiere en la jerga t\u00e9cnica social) son muchachos adolescentes, varones migrantes que en ese momento est\u00e1n recogiendo las mesas despu\u00e9s de la cena. La banda sonora es m\u00fasica albanesa mezclada con ritmos balc\u00e1nicos. Petrit y Mitgen me est\u00e1n ayudando a lavar los platos. Mientras yo los enjabono, ellos le pasan un agua y luego los secan y los colocan dentro de un armario donde se guarda la loza. Farid y Bahirim est\u00e1n en la terraza fumando un cigarro, otros dos se tiran en el sof\u00e1 forrado de pl\u00e1stico roto que simula cuero color negro. Este es un hogar donde la monoton\u00eda no tiene cabida. Cada jornada es completamente diferente a la interior. Se trata de un Centro de primera acogida, lo que implica que un menor puede permanecer en el lugar un periodo de hasta seis meses mientras se barajan otras opciones y en tanto no cumplan la mayor\u00eda de edad, bajo el amparo de la Convenci\u00f3n Internacional de los Derechos del Ni\u00f1o y de la Ni\u00f1a. Las opciones a partir de aqu\u00ed son varias.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las personas procedentes de los pa\u00edses del este, como Albania y Kosovo, generalmente pasan a un r\u00e9gimen de acogida con familias de su mismo origen o parientes cercanos. Un t\u00edo, un hermano mayor, un primo lejano\u2026 que a\u00f1os atr\u00e1s tambi\u00e9n, de forma clandestina, llegaron al mismo centro y posteriormente, encontraron un pegue como mano de obra barata en la construcci\u00f3n, en el campo o en el sector de la hosteler\u00eda. Esta ser\u00eda la opci\u00f3n m\u00e1s sencilla. Sin embargo, si proceden de Oriente, la cosa cambia y se complica. Algunos est\u00e1n de paso y su destino final es alg\u00fan centro en Noruega, o en alg\u00fan pa\u00eds n\u00f3rdico donde las medidas de protecci\u00f3n para las personas en situaci\u00f3n de refugio son mejores que las que puede ofrecer esta regi\u00f3n acomodada del norte de Italia. Otros, quedar\u00e1n en un limbo, se les ampliar\u00e1 su estancia en este centro de primer nivel despu\u00e9s de varias charlas insistentes con la trabajadora social del distrito y, luego, pasar\u00e1n a un centro de segundo nivel, donde tendr\u00e1n que insertarse laboralmente y encontrar alg\u00fan trabajo a media jornada o en condici\u00f3n de practicantes en tanto reconstruyen sus historias. Ellos son los llamados efectos colaterales de las invasiones de los pa\u00edses \u201coccidentales\u201d en el santo nombre de la democratizaci\u00f3n. Sus cuerpos, extenuados han vagado hasta llegar a este pueblo apacible de los Alpes, a la espera de un estatus de refugiado, de exiliado, alg\u00fan documento que los habilite para iniciar una nueva vida. Biol\u00f3gicamente son menores, aunque en realidad, son ni\u00f1os que habitan cuerpos, pensamientos y emociones de hombres adultos.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El reloj marca las 8 pm. Fuera es de noche y ya hace fr\u00edo, el oto\u00f1o est\u00e1 a punto de claudicar. Suena el timbre. Me seco las manos y le digo a los muchachos que contin\u00faen con lo que quedan. Farid me grita desde el balc\u00f3n para decirme que abajo est\u00e1n los <em>Carabinieri <\/em>(polic\u00eda italiana).\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Miro por la pantalla del telefonillo y abro la puerta. Se escucha el sonido de las escaleras y unos pasos secos y firmes que se aproximan. <em>\u201cBuena ser\u00e1, lei \u00e9 la educatrice in turno?\u201d. <\/em>Respondo que s\u00ed. Los invito a pasar a lo que viene siendo el \u201cdespacho\u201d. Un viejo catre que simula un sof\u00e1 con una manta estilo hippie en varios colores con flecos para disimularlo. Al lado, un frigor\u00edfico que ronronea de tanto en tanto donde guardamos bajo control los alimentos procesados que nos dan desde el banco alimentario: s\u00e1ndwiches, mozzarellas, salchichas, yogurts, chocolatinas, pasta fresca. Siempre cantidades dispares, los restos que los supermercados dejan de ofrecer por cuestiones de marketing y que todav\u00eda tienen vida comestible. Encima unos libros y un par de juegos de mesa, en el centro entre las dos ventanas un par de sillas mal encoladas y una mesa presidida por el gran manojo de llaves. Los <em>Carabinieri<\/em> entran con el nuevo usuario. No me mira, solo ve hacia sus pies, tiene un olor fuerte como si hubiera pasado mucho tiempo en la calle. La m\u00fasica de fondo ya no se escucha, en cambio hay un silencio escrupuloso. En sus cuartos, en el corredor y en la sala los muchachos permanecen inmovilizados, recordando su estatus de menores no acompa\u00f1ados, el d\u00eda en que ellos tambi\u00e9n llegaron al centro, su periplo migratorio, anhelando su tierra, su gente, su vida antes \u201cde\u201d.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El oficial a cargo me cuenta que lo encontraron en un vag\u00f3n del tren que ven\u00eda del sur, desde Roma y que est\u00e1 indocumentado pero que parece menor. Le explico que tenemos lugar y que desde el Centro nos encargaremos de acompa\u00f1arlo en el marco de las pr\u00f3ximas 48 horas a la Comisar\u00eda de Polic\u00eda para que registren sus huellas dactilares y le abran una ficha. Me extienden su hoja de control y la firmo. Se van. Cierro la puerta y los muchachos entran todos en el despacho con curiosidad de conocer al nuevo compa\u00f1ero. Farid, m\u00e1s resuelto se acerca y le pregunta en \u00e1rabe su nombre. \u00c9l responde, se llama Sayed. Le hago algunas preguntas en ingl\u00e9s, solo me mira y mueve la cabeza como asintiendo. Autom\u00e1ticamente activamos el protocolo. Agarro el manojo de llaves y voy a uno de los roperos principales, agarro una muda nueva para \u00e9l: calz\u00f3n, camiseta interior de manga larga, su\u00e9ter, pantal\u00f3n grande, pero es el \u00fanico que hay, un cintur\u00f3n, unos calcetines, una pastilla de jab\u00f3n, unas chinelas para la ducha y un pijama. Luego agarro un juego de s\u00e1banas, dos toallas (una para el cuerpo y otra para la cara) y una loci\u00f3n corporal con algo de perfume masculino incorporada. Con el resto de ni\u00f1os, que tambi\u00e9n son usuarios y a su vez tienen preocupaciones de adultos, lo acompa\u00f1amos a su cuarto. Es el \u00faltimo cuarto de la parte trasera de la casa, hay dos camas y las dos est\u00e1n vac\u00edas. El ocupar\u00e1 la \u00faltima cama que tiene vistas directamente sobre la ventana. Debido a su cansancio visible y su olor, lo acompa\u00f1amos al ba\u00f1o para que pueda tomarse una ducha y cambiarse de muda. Bebe agua, no quiere comer, se encierra en su cuarto.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Volteo a ver el reloj del sal\u00f3n, son casi las 9.15 pm.\u00a0 Llamo a la cooperativa social y consulto si hay posibilidad de que, en los pr\u00f3ximos d\u00edas (a poder ser lo antes posible) puedan enviar a alguna persona de mediadora que hable o tenga conocimiento de fars\u00ed. A medianoche la gran mayor\u00eda de los usuarios duermen, o al menos, eso simulan. A esa hora hacemos cambio de turno entre el personal. Llega mi compa\u00f1ero y le doy el parte de la jornada. Le informo que el nuevo ingreso duerme en el \u00faltimo cuarto de la parte trasera, le digo que se ha duchado y no ha querido comer y que en los pr\u00f3ximos d\u00edas enviar\u00e1n a alguien que pueda comunicarse con \u00e9l.\u00a0\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sayed pas\u00f3 casi un a\u00f1o y medio en el Centro. Con el tiempo, todxs conocimos su historia. Despu\u00e9s fue aceptado en un centro de segundo nivel en un pueblo cercano a unos veinte y pico kil\u00f3metros donde comenz\u00f3 su formaci\u00f3n t\u00e9cnica. Sayed es originario de una zona rural alejada de Kabul. En casi todos sus relatos mencionaba a su perro a quien tanto quer\u00eda y de quien guarda unos recuerdos maravillosos. Emprendi\u00f3 su migraci\u00f3n acompa\u00f1ado de un t\u00edo, luego que su padre, su madre y su futura hermana murieran. Su \u00faltimo d\u00eda en la <em>Casa Rossa<\/em>, mientras esper\u00e1bamos que lo viniesen a traer y ve\u00edamos en internet las noticias del d\u00eda, me dijo que quer\u00eda mostrarme algo. \u201cMira, \u00bflo recuerdas?\u201d. Era el su\u00e9ter que andaba el d\u00eda que hab\u00eda llegado al centro. Hab\u00eda crecido, parec\u00eda de un ni\u00f1o peque\u00f1o. Sayed nunca lo hab\u00eda tirado ni mucho menos lavado, ya que eso implicar\u00eda borrar el olor que todav\u00eda quedaba de su tierra. Ese su\u00e9ter desgastado, sucio y con un olor fuerte era su \u00fanica memoria material de Afganist\u00e1n. En \u00e9l permanec\u00edan las historias con su perro, el amor de sus padres, su escuela, su origen, el lugar desde donde parti\u00f3.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con el tiempo Sayed se mud\u00f3 al centro norte de Italia, donde vive y trabaja actualmente. A veces, en sus redes sociales sube fotos con un ni\u00f1o con unos ojos muy vivos que se parece mucho a \u00e9l. Intuyo que es su hijo.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\"><strong>Referencia<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Drexler, J (2017). Movimiento [canci\u00f3n]. En\u00a0 <em>Salvavidas de hielo<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-uagb-image uagb-block-350b2fc5 wp-block-uagb-image--layout-default wp-block-uagb-image--effect-static wp-block-uagb-image--align-none\"><figure class=\"wp-block-uagb-image__figure\"><img decoding=\"async\" srcset=\"https:\/\/redpandalab.org\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Cover-blog-post-footer-1024x353.png \" sizes=\"(max-width: 480px) 150px\" src=\"https:\/\/redpandalab.org\/wp-content\/uploads\/2022\/11\/Cover-blog-post-footer-1024x353.png\" alt=\"\" class=\"uag-image-655\" title=\"\" loading=\"lazy\"><\/figure><\/div>\n<\/body>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cSomos una especie en viaje\u201d (Drexler, 2017, 47s). Estamos en un movimiento constante donde emergen y se configuran nuevos territorios. Desde los inicios, nuestra especie migra en distintas direcciones y latitudes. Pensar y hablar sobre aquellos relatos desde las di\u00e1sporas es un ejercicio de la memoria. 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